Hay momentos, en los que la vida se para delante de tus narices. En los que sientes que tienes delante una pared, que te detiene, y no te deja seguir adelante.
Aveces porque pasan cosas, cosas que deseas no recordar, que solo consiguen hacerte daño, y que no entiendes el cómo ni el por qué.
Y otras veces, simplemente, te toca. Puede que sea porque has tenido demasiado tiempo la felicidad en tu poder.
Sientes que el mundo se desmorona ante ti, y no hay nadie, nadie, que sea capaz de intentar ayudarte, o al menos, escucharte. Te sientes realmente sola.
Es, como si estuvieras sumergida en algo profundo, muy profundo y denso, que te impide salir. Por mucho que lo intenes.
Y si alguien se digna a preguntarte, las únicas palabras que salen de tu boca son,
Estoy realmente jodida. Estoy rota por dentro.